Sobre las guías contemplativas

Entrevista con Javier Abarca
Abril 2017

Entrevista realizada por Eric Gras para El Periódico Mediterráneo con motivo de la Guía contemplativa de Castellón, convocada por el Espai d’Art Contemporani de Castelló en abril de 2017.

¿Qué es exactamente esta ‘Guía contemplativa’? ¿Cuál es el origen del proyecto?

Es un taller, pero también un proyecto artístico personal. Surge de mi vivencia, de la forma en que exploro las ciudades. Por estar involucrado en el graffiti y el arte urbano me acostumbré a buscar cierto tipo de espacios, digamos, libres de control, como por ejemplo los descampados, o las áreas residuales que quedan debajo de muchos puentes. Después de estudiar la teoría de la psicogeografía situacionista y de conocer el concepto del “tercer paisaje” de Guilles Clement entendí por qué estos espacios me seguían atrayendo mucho tiempo después de haber abandonado el graffiti. En ocasión de un seminario sobre graffiti y psicogeografía que organizé por encargo de la UIMP en 2011 surgió la idea de convocar rutas en las que compartir todo esto con la gente.

Planteas otra visión de la ciudad, y para ello seleccionas una serie de rincones. Mi pregunta sería, ¿por qué esos y no otros? ¿Deben cumplir ciertos requisitos para formar parte del itinerario?

Son rincones en el sentido de que están relativamente escondidos, pero no son necesariamente pequeños. A veces se trata de enormes extensiones de terreno baldío. Son lugares muy diversos: desde un solar, un túnel en desuso o un edificio abandonado, hasta las franjas de terreno indefinido que se crean a lo largo de autopistas y ríos. Abundan más en las afueras, pero también se encuentran dentro de la ciudad, en los residuos que deja la distribución capitalista del espacio.

Lo que tienen en común estos lugares es que escapan al control del dinero. No hay intereses económicos inmediatos sobre ellos, de modo que se pueden recorrer sin que el comercio y el control nos sigan a cada paso: no hay publicidad, no hay coches, no hay policía, no hay semáforos ni pasos de cebra, no hay aceras ni calzada. Permiten encontrar la misma calma que se encuentra en el campo. Son los únicos lugares en la ciudad donde es posible un estado de verdadera contemplación.

Al ser sitios libres de control, se convierten en refugio para los marginados. Por ejemplo los vagabundos van allí a dormir, o los grafiteros a pintar con calma. Pero la ruta no trata de ver graffitis. Algunos de los lugares más interesantes que he visto no tienen siquiera paredes. Se trata de buscar lo mismo que vagabundos y grafiteros: un lugar en el que estar en paz.

De algún modo, sugieres también otro concepto de ciudad, ¿no es así?

Es otra lectura de la ciudad. Detrás de la fachada que la ciudad enseña, de esos espacios controlados de producción, transporte o consumo, existe una parte invisible sobre la que existe poco control. Para visitarla, muchas veces no es necesario saltar ninguna valla: puede bastar con rodear un seto o ignorar un “no pasar”. Es suficiente un cambio de punto de vista para pasar de vivir en una ciudad totalmente predecible a vivir en otra indefinida y llena de posibles sorpresas.

Se trata de adoptar una actitud activa en la lectura de la ciudad, por eso el taller no es una ruta guiada al uso. No acompaño a los participantes, me limito a facilitarles algunas pistas para que encuentren el camino por sí mismos. Les espero al final del camino para intercambiar impresiones.

Por lo que he podido comprobar, has realizado esta actividad en ciudades como Santander, Granada, Bensançon, Berlín y Barcelona. ¿Cómo afrontas cada una de las guías o rutas?

Preparo cada ruta explorando la ciudad durante varios días. Sigo pistas que me facilitan informantes locales, y también me pierdo siguiendo mi instinto y mi curiosidad, como he hecho siempre. Con toda la información recogida compongo una o varias rutas. Busco que formen narraciones con sentido, con sus desarrollos, sus contrastes y su drama.

Antes de iniciarse la ruta, impartes una charla a los participantes. ¿Sobre qué versa aproximadamente?

La charla es la introducción al taller, pero también está abierta a cualquier persona interesada. Es una charla amena y profusamente ilustrada que estudia el graffiti con las herramientas de la psicogeografía situacionista.

Habla sobre cómo el graffiti es sobre todo la aventura, no la pintura resultante. La pintura es en realidad una excusa para poner en marcha un juego de exploración y reinvención de la ciudad muy cercano a los conceptos situacionistas. El graffiti es, al final, un mapa alternativo del espacio que convierte la ciudad en un terreno de juego.

¿Qué esperas lograr con este tipo de iniciativas?

Contribuir a enriquecer nuestra percepción de la ciudad y nuestra apreciación del graffiti y el arte urbano. Y seguir disfrutando de las ciudades de la forma en que lo he hecho siempre.